Seguro conoces a alguien que come grandes porciones de comida sin preocuparse por subir de peso, mientras que otras personas parecen aumentar kilos con facilidad. ¿A qué se debe esta diferencia? La respuesta está en una combinación de factores genéticos, metabólicos y de estilo de vida.

1. Genética y metabolismo basal

El metabolismo basal es la cantidad de energía que el cuerpo gasta en reposo para funciones vitales como respirar o mantener la temperatura corporal. Algunas personas tienen un metabolismo más acelerado, lo que significa que queman más calorías incluso sin actividad física.

2. Termogénesis y gasto energético

El cuerpo también quema calorías a través de la termogénesis, que es la producción de calor durante la digestión y otras actividades. Las personas con mayor masa muscular tienen un gasto energético más alto, lo que les permite comer más sin ganar peso.

3. Diferencias en la microbiota intestinal

La microbiota intestinal juega un papel importante en el metabolismo. Algunas bacterias ayudan a extraer más calorías de los alimentos, mientras que otras favorecen un metabolismo más eficiente. Esto podría explicar por qué algunas personas almacenan más grasa que otras.

4. Niveles de actividad física

El movimiento diario influye en el balance energético. Las personas que se mueven más durante el día, incluso sin hacer ejercicio estructurado, tienden a quemar más calorías sin darse cuenta. Factores como caminar más, usar escaleras o incluso gesticular con frecuencia pueden marcar la diferencia.

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5. Regulación del apetito y hormonas

Hormonas como la leptina y la grelina regulan el hambre y la saciedad. Algunas personas sienten saciedad más rápido y comen menos de forma natural, mientras que otras tienen un apetito más alto y tienden a consumir más calorías.

El peso corporal no depende sólo de cuántas calorías se consumen, sino de cómo el cuerpo las procesa y gasta. Factores como la genética, el metabolismo y la microbiota intestinal pueden influir en la forma en que cada persona responde a la alimentación. Sin embargo, un estilo de vida saludable sigue siendo clave.

 

Fuente: Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos