Todos se enojan de vez en cuando, incluso los niños pequeños. Pero algunos niños y adolescentes tienen tantos problemas para controlar su ira que empujan, golpean o se burlan de otras personas. Esto les ocasiona problemas en casa y en la escuela; y generalmente tienen dificultades para hacer amigos. Por lo tanto, su agresión hace que criarlos sea un desafío.
La vida hogareña de un niño o adolescente y otros entornos pueden aumentar el riesgo de agresión. Los niños pueden volverse agresivos si:
- Ven violencia en su vecindario.
- Sienten la presión de unirse a una pandilla.
- Viven en una casa con armas.
- Consumen alcohol o drogas.
- Están siendo intimidados (sufren bullying).
- Viven en un hogar con padres agresivos, con problemas matrimoniales o con problemas de drogas o alcohol.
- Pasan mucho tiempo sin la supervisión de un adulto.
- Tienen padres que los disciplinan a base de golpes y con un lenguaje áspero.
- Ven películas o programas de televisión violentos o juegan videojuegos violentos.
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RECUERDA: Para saber si tu hijo(a) tiene un problema de agresión, un pediatra o un profesional de la salud mental puede hacerte preguntas sobre su comportamiento en el hogar y en la escuela.
El médico o el consejero pueden vigilar a tu niño(a) en casa o en el colegio. Los maestros de tu hijo(a) también pueden ser entrevistados.
Es posible que a tu niño(a) le hagan un examen físico y algunas pruebas para saber si tiene un problema de salud asociado con la agresión o si está empeorando.