Se podría pensar que la depresión es una respuesta inevitable ante un diagnóstico de VIH/SIDA; no obstante, se trata de un padecimiento independiente que debe ser atendido a la par que se recibe el tratamiento para el VIH.

Lidiar con más de un problema de salud a la vez puede ser difícil, de manera que es fundamental contar con una medicación y con la ayuda necesarias para mejorar el estado de ánimo.

Además, la depresión no sólo afecta la mente y la conducta, sino también el cuerpo entero; daña la calidad y las expectativas de vida de una persona; asimismo, puede repercutir en la capacidad para seguir el tratamiento del VIH/SIDA, lo que puede acarrear mayores complicaciones.

Por ello, es necesario buscar apoyo temprano y acudir con un especialista que pueda diagnosticar un estado de depresión y en su caso, proporcionar el tratamiento adecuado para cada individuo.

En la actualidad los procedimientos más comunes para combatir la depresión, incluyen la terapia cognitiva-conductual (TCC), un tipo de psicoterapia o terapia de diálogo; mediante la cual se posibilita que las personas cambien los estilos de pensamiento y conductas negativas.

Estos regímenes pueden incorporar un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS) o un inhibidor de la recaptación de serotonina y norepinefrina (IRSN), ambos son medicamentos antidepresivos que contienen diferentes compuestos.

Aunque la mayoría de los tratamientos disponibles actualmente son seguros y bien tolerados, para evitar las interacciones farmacológicas peligrosas, tiene especial importancia que las personas que viven con VIH/SIDA y depresión hablen con el médico sobre sus medicaciones, los efectos secundarios que pueden surgir y, de ser necesario, las posibles alternativas que tienen.

Aun cuando no todas las personas responden de la misma forma y en el mismo tiempo a los tratamientos, atender la depresión es esencial para sobrellevar el VIH/SIDA y mejorar el estado de salud general.

Debido a que los sentimientos que genera el saber que se vive con está condición o enfermedad pueden ser atemorizantes; además de buscar ayuda profesional, se puede combatir el miedo obteniendo información confiable sobre el VIH.

Es importante recordar que la mejor fuente de datos proviene del médico que a su vez podrá recomendar lecturas apropiadas.

 

Vía: Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos, Academia Americana de Médicos Familiares